construcció industrialitzada hospital del mar

Construcción industrializada | Control de calidad y Seguridad y Salud. El caso del Hospital del Mar

Un cambio de paradigma que no siempre se visualiza con suficiente claridad es el que ocurre en el ámbito del control de calidad y la dirección de ejecución. Cuando parte del edificio se fabrica fuera de la obra, el control técnico tiene que ir también fuera.

La experiencia en el Hospital del Mar es ilustrativa. En este proyecto, además de haberse desarrollado con la Estructura Prefabricada multinivel de mayor altura en España, cuenta con cerca de cien baños prefabricados integrados.  Por ende, la dirección de ejecución tuvo que replantearse sus propios procesos: el control de calidad no podía esperar a que los elementos llegaran a obra, sino que tenía que ocurrir antes, en fábrica, en el momento en que las decisiones todavía son reversibles.

Kelly Guerrero, arquitecta técnica en ENNE Gestión Activa de Proyectos, que trabajó en ese proyecto y ha integrado la experiencia en su visión del rol profesional. Según Guerrero, la industrialización «es un rol que nos corresponde a todos»: arquitectos, arquitectos técnicos, ingenieros, fabricantes y constructores tienen un papel desde el inicio hasta el final. Lo que cambia es el momento en que ese papel se activa, es decir, si los esfuerzos se concentran antes, la improvisación en obra se reduce. El técnico que antes revisaba unidades ejecutadas in situ pasa a verificar componentes certificados en origen.

Esta reconfiguración supone una ampliación del campo de actuación hacia fases del proceso donde históricamente la arquitectura técnica no había estado. Pero que, sin embargo, requiere formación específica, disposición para trabajar en contextos nuevos y, sobre todo, voluntad de integración en equipos multidisciplinares desde etapas tempranas.

La perspectiva de Kelly incorpora también una mirada internacional que enriquece el debate: su experiencia previa en Perú, donde la estandarización de procesos y la gestión de proyectos bajo lógica industrializada ya formaban parte de los objetivos de su entorno profesional— refuerza la idea de que esta transformación ha impactado positivamente en Latinoamérica y de que sus principales referentes provienen de los contextos europeo y norteamericano.

La industrialización mejora las condiciones de trabajo en obra: reduce la exposición al calor, a la lluvia, y a los riesgos asociados a la construcción de estructura in situ. Sin embargo, no los elimina, simplemente los desplaza, y en su lugar aparecen nuevos riesgos ligados al montaje, al transporte, a la logística de elementos de gran formato.

El estudio de seguridad y salud, tal como está concebido en la obra convencional, también necesita transformarse. Si en la obra tradicional ese documento tiene un carácter genérico -porque no se sabe quién ejecutará- en la construcción industrializada se conoce desde el principio quién fabrica, qué sistemas se utilizarán y cómo se producirá el montaje. Esa información hace posible un estudio de seguridad específico, integrado, que en algunos casos podría converger con el propio plan de seguridad.

También se señaló en la jornada una paradoja que incomoda: mientras en obra convencional cualquier imagen de trabajadores sin EPIs generaría una respuesta inmediata, en vídeos de promoción de empresas de prefabricación aparecen operarios en condiciones que no resistirían ese mismo escrutinio. La industrialización tiene pendiente trasladar a sus entornos de fábrica y montaje la misma cultura de seguridad que exige en la obra.

El perfil del arquitecto/a técnico/a cambiará en los próximos años progresivamente. El arquitecto técnico es, ya hoy, un profesional polivalente que dirige empresas, coordina proyectos de I+D, gestiona obras convencionales y modulares, trabaja en el lado del fabricante o en el del promotor. Esa versatilidad es su valor diferencial.

Lo que la industrialización añade es una bifurcación clara entre dos especializaciones emergentes: quienes se dedicarán al ámbito industrial -con presencia en fábrica, control de procesos de producción, gestión de series y componentes- y quienes se especializarán en logística y montaje, coordinando que todo lo fabricado llegue, se integre y se complete con el orden y la eficiencia que el sistema requiere.

No se trata de crear figuras nuevas, sino de activar funciones que ya estaban previstas -como el coordinador de seguridad y salud en fase de proyecto- y de incorporar competencias nuevas en áreas como la gestión de contratos colaborativos, la lectura de modelos BIM, la comprensión de procesos de fabricación industrial y la capacidad de integrar equipos multidisciplinares en fases tempranas.

La formación es el punto de palanca. No se trata de que todos los profesionales sean expertos en todo, sino de que cada figura aprenda lo que necesita para su rol específico en un proceso más amplio, donde la integración es la competencia transversal.

El mensaje de Juan Carlos Cabrero, experto en sistemas constructivos industrializados de Molins, condensa bien esta idea: «Industrializar no va de inventar, va de integrar». Integrar profesionales, fabricantes, constructores, responsables de prevención en fases tempranas. Integrar tecnología y procesos. Construir, en definitiva, con trabajo en equipo y con conocimiento real de cómo funciona cada parte del sistema.


El presente artículo se ha basado en el Diálogo profesional que tuvo lugar en la mesa redonda del Simposi Industrialització organizado por el CATEB el pasado 18 de marzo de 2026, en la que participó Kelly Guerrero, responsable de Control de Calidad en ENNE Gestión Activa de Proyectos. Ver vídeo.

Artículos relacionados:

Reset password

Ingrese su dirección de correo electrónico y le enviaremos un enlace para cambiar su contraseña.

Powered by Estatik
Scroll al inicio
Ir al contenido