Cuando alguien con más de treinta años en el sector afirma que es la primera vez en toda su carrera que percibe que el cambio de paradigma es posible, conviene prestar atención. Ese fue uno de los tonos dominantes en la mesa redonda “Diàleg profesional: Industrialització” del Simposio organizado por el Col·legi d’Arquitectura Tècnica de Barcelona (CATEB), celebrado el 18 de marzo de 2026. Durante varias horas, profesionales de la dirección de obra, la fabricación, la administración pública, la coordinación de seguridad y la normativa pusieron sobre la mesa un diagnóstico compartido: la construcción industrializada ha dejado de ser marginal, pero todavía tiene delante obstáculos que no son técnicos. Son culturales, normativos y financieros.
Qué significa realmente «industrializar»
La industrialización no es llevar a fábrica lo que se hacía en obra y traerlo de vuelta partido en piezas. Es otra lógica completa. Implica cadena de producción, digitalización, robotización, estándares repetibles, metodología de procesos y una integración radicalmente distinta entre diseño, fabricación y montaje. No cualquier elemento prefabricado constituye construcción industrializada.
Este matiz no es semántico. Tiene consecuencias directas sobre financiación, seguros, taxaciones, certificaciones y contratos. Y explica por qué la construcción industrializada sigue siendo, en muchos contextos regulatorios, un producto que el sistema no sabe del todo cómo tratar: se le aplican categorías pensadas para la obra convencional cuando en realidad opera con la lógica de la industria manufacturera.
En este sentido, cobra relevancia el Proyecto de norma Español (PNE) 41610, la primera norma española específicamente dedicada a la construcción industrializada. Un trabajo colectivo de más de noventa personas del sector, condensado en un documento que define conceptos básicos, establece criterios de clasificación y, sobre todo, introduce el IDI (Índice de Industrialización): una medida que permite cuantificar en qué proporción un edificio ha sido producido offsite, relacionando el PEM derivado de la fabricación y logística externa con el PEM total de la obra. Una herramienta que, a partir de ahora, empezará a aparecer en proyectos, licitaciones y evaluaciones de sostenibilidad.
Factores que frenan el proceso de industrialización
Si hay una idea que atraviesa el conjunto del debate, es que los principales frenos a la industrialización no son de carácter técnico, sino más bien culturales:
- La comodidad del modelo conocido, el “siempre se ha hecho así”.
- La resistencia a desplazar decisiones que durante décadas se tomaban en obra hacia etapas mucho más tempranas del proceso.
- La dificultad de cambiar los roles de los técnicos que supervisan, los promotores que financian y los equipos que construyen.
Este diagnóstico es compartido desde posiciones muy distintas. Desde la administración pública, se señala la contradicción estructural de un sistema de contratación que separa proyecto y obra, cuando la construcción industrializada exige que ambos procesos se diseñen juntos y con el fabricante en la mesa desde el principio. Proyectar para industrializar sin contar con quien va a producir es repetir el error de la obra convencional con otro vocabulario.
Desde las empresas fabricantes, la presión viene de otro lado: el riesgo de quedar reducido a una subcontrata más, sometida a las presiones de precio de una cadena que no entiende que una fábrica necesita demanda estable para funcionar. No se puede abrir una instalación industrial para tenerla activa tres meses y parada dos. La lógica de la obra, con su variabilidad y su improvisación, es incompatible con la lógica de la fábrica, que necesita previsibilidad, series, estandarización.
Desde las constructoras que trabajan con sistemas modulares, el cambio cultural se describe como un shock: ya no se construye, se fabrica y se monta. El riesgo en obra se minimiza, pero toda la exigencia se traslada a las fases previas. El diseño, la planificación, la coordinación logística: todo ocurre antes de que llegue el primer camión. Los equipos que trabajan en obra modular no son técnicos de obra que han aprendido prefabricado. Son especialistas en procesos que conocen la fábrica tanto como el solar.
La infraestructura del cambio
La construcción industrializada no va a sustituir a la construcción convencional. Va a complementarla, a ampliar el repertorio de herramientas disponibles y a ofrecer respuestas más eficientes en contextos donde la repetición, la calidad controlada y la velocidad de ejecución son prioritarias.
Pero para que ese potencial se realice, hacen falta varias cosas a la vez: una normativa que trate el producto industrializado como lo que es; un sistema de financiación e inversión que entienda la lógica de fábrica; una demanda estable que permita a los fabricantes planificar y crecer; y, sobre todo, una cultura profesional que entienda que el esfuerzo se desplaza en el tiempo -más al principio, menos al final- pero no desaparece. Lo que sí desaparece, o debería, es la improvisación. Y eso, para un sector acostumbrado a resolver en obra lo que no se resolvió en proyecto, es quizás el cambio más profundo de todos.
El presente artículo se ha basado en el Diálogo profesional que tuvo lugar en la mesa redonda del Simposi Industrialització organizado por el CATEB el pasado 18 de marzo de 2026, en la que participó Kelly Guerrero, responsable de Control de Calidad en ENNE Gestión Activa de Proyectos. Ver vídeo.
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